09 agosto 2006

ACERCA DE LA COMUNICACION


Marco un número de teléfono y escucho; da ocupado. Espero con el auricular en la oreja; sigue –lógicamente, ya que no corté- el tono de ocupado. No tengo ganas de cortar y no voy a hacerlo. Si permanezco en esta tesitura obstinada, sin colgar y esperando, ¿qué probabilidades hay de que en un tiempo determinado me contesten del otro lado? ¿Cuánto tiempo transcurriría? ¿Existe alguna probabilidad, aunque sea una en diez mil trillones? ¿Debería esperar doce, veintisiete, setenta y seis años tal vez? Puede parecer absurdo, lo sé, y sin embargo a veces paso largas horas pensando qué sucedería si de pronto se me antojase permanecer así, con el tubo en la oreja esperando una improbable respuesta del otro lado; cualquier respuesta; de cualquier persona. Y no decirle a nadie mi determinación. Que vengan, me llamen a comer, me pregunten qué hago ahí sentado como un tarado con el tubo en la oreja hace ya más de tres horas y nada, yo mudo y esperando. Que adivinen, que intuyan lo que deseo. Que averigüen adonde llamé. Que salgan corriendo y le avisen al destinatario que corte de una vez. De todas formas, cortando únicamente del otro lado no se produciría la comunicación hasta que yo no haga lo mismo de este lado para volver a discar; y no pienso hacerlo. Que vayan entonces a la compañía de teléfonos y que a través de ruegos o sobornos logren que, mediante algún artilugio técnico en la central, me comunique con alguien pese a no haber colgado yo el auricular. ¿Habrá alguien capaz de intuir mi disparatada voluntad? Y en el supuesto e improbable caso de que existiese un ser que hubiese adivinado mi propósito, ¿Gastaría medios, tiempo, energía, recursos; se abocaría de lleno a una tarea que tal vez le insuma días o semanas y un montón de dinero, para satisfacer mi resolución? Yo, obstinadamente inmóvil, esperando absurdamente, tercamente, una respuesta con probabilidades astronómicamente desmesuradas en mi contra. Y el ser humano en general, ¿no es en mayor o menor medida, de un modo u otro ese ser absurdamente encaprichado, con anhelos similarmente ocultos y disparatados, que espera que otro ser, mágicamente descubra, intuya el propósito al cual se ha abocado en forma irrevocable y secreta, y trata por todos los medios de hacer cumplir su inefable quimera, de satisfacer y llenar ese hueco, ese abismo metafísico?

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